Hoy despedimos con inmensa tristeza a Jaime Fombuena Filpo, quien fuera presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos de nuestro querido Colegio Portaceli. Con su partida no solo perdemos a un brillante abogado, a un padre ejemplar y a un hombre de profundas convicciones, sino también a uno de esos seres humanos excepcionales cuya huella permanece para siempre en el corazón de quienes tuvimos el privilegio de conocerlo.

Jaime era un hombre de palabra, íntegro, honesto y leal. Un amigo de los que siempre estaban presentes, de los que daban mil por uno sin esperar nada a cambio. Su generosidad, su cercanía y su inmensa calidad humana hicieron que todos los que compartimos parte del camino con él nos sintiéramos afortunados.

Ayer, al recibir de su hermano, Miguel Ángel, la dolorosa noticia de su fallecimiento, comenzaron a desfilar por mi memoria tantos recuerdos compartidos que no he podido dejar de pensar en la enorme suerte que tuve al cruzarme en la vida con una de las mejores personas que he conocido.

Jaime deja un legado que trasciende los cargos que desempeñó o los éxitos que alcanzó. Su verdadero legado está en el cariño, el respeto y la admiración que sembró entre todos nosotros.

Querido Jaime, hoy te decimos adiós con el corazón encogido, pero también con un inmenso sentimiento de gratitud por todo lo que nos regalaste. Descansa en paz, querido amigo. Vela por todos nosotros desde la Casa del Padre, hasta que llegue el día en que volvamos a encontrarnos.

Nunca te olvidaremos. Lola González