¡Hola qué tal!

Quienes se han encargado de organizar este día, a los que me gustaría agradecer mucho el trabajo de reunirnos a todos hoy, querían que alguien dijera unas palabras y, no sé por qué, me lo han pedido a mí. Pero me alegro, me alegro de poder hacer un ejercicio de memoria agradecida y hablar de lo buena experiencia que creo que para todos los que estamos aquí fueron los años que pasamos en Portaceli.

El paso por el colegio es algo que marca las personas que somos el resto de nuestra vida. Han pasado 20 años desde entonces, que son más que los que teníamos al salir de aquí, pero estoy seguro de que todos recordamos esa época como una de las mejores.

La mayoría de los que estamos aquí entramos con 7 años y salimos con 18 (alguno con alguno más…). Todo eso abarca desde que jugabas al futbol en los campos del albero (que todavía hoy siguen siendo de albero) o al elástico o la comba en el patio (patio que ahora es un edificio de preescolar) hasta cuando dudabas qué carrera estudiar según qué notas sacaras. Desde que te traían tus padres al colegio, pasando en coche por delante de la portería, tan cambiada hoy, hasta cuando, ya mayor, venías en moto. Desde que cambiabas cromos o jugabas al trompo, las canicas o los tazos, hasta cuando pasabas la mitad de la semana pensando dónde salir el viernes, con quién compartías el lote o qué te ibas a poner.

Todo ese tiempo que pasaste aquí, todas esas vivencias y todas las personas que formaron parte de ello, desde profesores, curas o personal del colegio hasta todos los compañeros que tuviste, algunos de los cuales ya no están entre nosotros y se les echa de menos; todo eso fue sembrando los valores que tienes hoy. La amistad, la lealtad, el esfuerzo y el sacrificio, el trabajo y el estudio como medio para alcanzar los objetivos que te planteas en la vida. Todo eso lo aprendiste en esos años en el colegio, sin saberlo, día a día viniendo, como algo mecánico que haces sin darte cuenta pero que poco a poco va dejando un poso en ti. La capacidad de sufrimiento en ciertos momentos o la forma de asumir decepciones cuando, por ejemplo, te dieron malas notas. El amor incluso, es algo que aprendiste aquí, a todos nos empezaron a gustar las primeras personas en el recreo o en clase. Aquí tuviste tu primer novio o novia, aquí se formaron muchas primeras parejas, algunas de las cuales duran hasta hoy. Todo eso ha marcado lo que eres hoy, y lo ha marcado para bien. La espiritualidad ignaciana que fundamenta la educación que se recibe en Portaceli ha sido la base de muchos de esos valores, haciendo de nosotros mejores personas. Aquí, en esta misma iglesia a la que venías una vez por semana a cantar en misa “te amo señor fortaleza mía” o “somos ciudadanos de un mundo”, aquí hiciste la primera comunión y aquí te confirmaste, con todos tus compañeros. Aquí te formaste no sólo como persona sino también como cristiano. Aquí tenéis muchos ahora a vuestros hijos o incluso sois profesores aquí.

Supongo que cada uno tenéis vuestros propios recuerdos, pero comparto algunos de los míos porque a buen seguro serán comunes a todos. Cosas que recuerdas de forma automática como algo que está dentro de ti. La sirena, formar la cola para entrar juntos cada clase los primeros años, ligarte a un color, amarillo, azul, rojo, verde o blanco, la A, la B, la C, la D o la E. Quedarte en el comedor o de canasto, gritar y reír todos cuando a alguien se le caía la mítica bandeja de plata con la comida. Que te llamaran por megafonía para ir a portería. Los recreos con los famosos bocatas de tortilla de “la Loren” o los de atún los viernes de cuaresma. Comprarle el desayuno a otros para quedarte con la vuelta de los 20 duros y así poder comprarte tú un bocadillo. Las fiestas del colegio todos los años, desde cuando de pequeños tenías las competiciones deportivas o jugabas en los puestecillos hasta cuando ya mayores te ibas al parque de la Buhaira a “calentarte” un poco antes. El famoso pregón que hacían los de último curso (y que justo en nuestro año quitaron). Pasar a secundaria y empezar a sentirte mayor o agobiarte por tener que elegir entre letras o ciencias. Cambiar de curso y que te dijeran los motes de tus nuevos profesores, el Indio, el Romano, el Pingu, el Lelo… Que profesores como Don Pa te diera un “piqué” en los dedos con la regla o que el Guti te diera dinero y te mandara fuera del colegio comprarle tabaco… ”niño, dile a Antonio que te de lo mío”. Esto último hoy día haría que algún padre denunciara al colegio… Las clases de gimnasia del Bola, que la Jarem te hiciera estudiarte todo de memoria literalmente o que Mari Ángeles la Hitler te pusiera notas kilométricas con rotulador rojo en el cuaderno para que lo trajeras firmado por tus padres cuando no hacías los deberes (esto a mí me pasó mucho). Sacerdotes que nos marcaron como el Padre Marrero o el Padre Rincón y la alegría que te da verlos años después oficiando bodas o bautizos de amigos. Trabajadores como Manolito o Carrasquilla, evitando que te escaparas del colegio o Maruja, a la que le pedías que llamara a tu casa para que te recogieran cuando estabas enfermo.

Podría seguir evocando momentos durante mucho rato, pero sé que todos queremos tomarnos ya la primera cerveza y qué mejor forma de recordarlos todos juntos ahora. En definitiva, el paso por este colegio es uno de los grades dones recibidos, el principio del camino de la vida, algo que celebrar, algo que nos ha hecho hombres, algo de los que estar orgullosos. Demos gracias a Dios por todo lo que vivimos aquí, por todo lo que ha hecho de nosotros, por habernos reunido 20 años después aquí, en Su casa, en nuestra casa, y pasemos un gran día todos juntos.

FOTOS DEL ENCUENTRO

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